La toxina botulínica es una proteína purificada que se inyecta en cantidades minúsculas en los músculos del rostro cuya actividad es excesiva para relajarlos y prevenir la aparición de arrugas dinámicas o suavizar las que ya existen (estáticas).
Con el tratamiento se consigue:
- Revitalizar y rejuvenecer la mirada de manera inmediata.
- Relajar los músculos faciales, eliminando o atenuando las arrugas y dejando la piel distendida, tonificada y tersa y devolviendo la luminosidad al rostro.
Siempre debe ser aplicada por un profesional médico debidamente acreditado en un centro médico autorizado. El profesional debe buscar, ante todo, resultados naturales, saludables y armónicos.
Además de aplicaciones estéticas y para la corrección de la hiperhidrosis (exceso de sudoración), la toxina botulínica se emplea en otras especialidades médicas para el tratamiento de estrabismo, tics, espasmos musculares, dolor lumbar, ciertos tipos de migrañas o fibromialgia reumática.